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La concordancia es una redundancia, y al contrario de lo que podría esperarse, la redundancia resulta por lo regular del menor esfuerzo. En efecto, la gente no tiene inconveniente en repetir, si el esfuerzo mental se reduce con elIo; si los adjetivos se usan como nombres con mucha libertad y frecuencia, como era el caso en las antiguas lenguas indoeuropeas, será indispensable que lleven el signo de su función como lo hacen los sustantivos; por lo mismo una palabra como 'fortis' ʻvalienteʼ o ʻindividuo valienteʼ se declina casi como 'civis' [...] Mas cuando 'fortis' no es realmente más que un atributo de 'civis', sería más lógico, o bien señalarlo como tal, o bien usar el tema puro, dejando que la proximidad a 'civis' indique su relación con él. Pero es ciertamente mucho más fácil hacer que los adjetivos mantengan en todos los casos las formas flexivas, que de todas maneras han tenido que ser memorizadas. (p. 80) - Martinet (1976) Los mensajes, como dependientes de varias condiciones, serán más o menos redundantes y esto determinará el manejo medio del lenguaje. La redundancia en variadas formas es una necesidad básica de la comunicación lingüística. En realidad, la naturaleza humana es tal que una eliminación total de la redunciancia podría, en muchas circunstancias, acarrear un serio incremento de la energía gastada al hablar [...] (p. 184) - Martinet (1976) Ahora resulta claro que la redundancia gramatical o lexical es un rasgo básico de la comunicación humana y en casos particulares puede ser un recurso para indicar la función de algunos segmentos. (pp. 81-82) - Martinet (1976) La redundancia es indispensable para la transmisión del lenguaje a las nuevas generaciones que necesitan aprenderlo. Un gran número de palabras se aprenden sin duda identificando ciertos aspectos de determinadas situaciones, por ejemplo, un animaI dado, el caballo, con cierta producción oral [...] Aprender nuevas palabras, mediante contextos redundantes, es un caso muy repetido durante la vida, lo mismo si sucede en la lengua propia que en una extraña. La importancia de la redundancia no invalida, por supuesto, el concepto de economia de la lengua, pero nos recuerda su extrema complejidad [...]. (pp. 184-185) - Martinet (1976)
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