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[...] los lingüístas han repetido últimamente que una lengua es una estructura o quizá una estructura de estructuras, y si esto es cierto, podriamos esperar que se encuentren conexiones internas que se extienden de un extremo del complejo al otro. Esto sería verdad si la lengua fuese uno de esos instrumentos o máquinas que trabajan con perfecta precisión y sin ningún retraso apreciable en sus transmisiones. Mas no es este el caso. Corno vercmos más tarde, toda lengua mantiene rasgos que resultan de su funcionamiento desde hace varios milenios. (p. 96) - Martinet (1976) […] la lengua en la totalidad de sus detalles, en cuanto representada por el habla correspondiente, pueda ser reducida exhaustivamente a sucesiones de monemas o fonemas. Hemos dicho únicamente que lo que nosotros necesitamos llamar lengua, hace uso de monemas y fonemas; si además añade a ellos otros expedientes que pueden a veces oscurecer ode formar algunos rasgos de la doble articulación, esto es otra cuestión. (p. 46) - Martinet (1976) Todo esto apunta a una definición de «Ienguaje» que podría fonnuIarse como sigue: Un idioma o lengua es un medio de comunicación de acuerdo con el cual la experiencia humana se analiza de distinta manera, en cada comunidad, en unidades (monemas) dotadas de un contenido semántico y una forma fónica. Esta forma fónica, a su vez, se articola en unidades distintivas y sucesivas (fonemas), cuyo número, en un idioma dado, es fijo y cuya naturaleza y relaciones mutuas varían también de lengua a lengua. Esto significa que deberíamos reservar el término «idioma» o «lengua» para indicar un medio de comunicación, doblemente articulado y cuya manifestación externa es oraI. Fuera de este núcleo común, nada puede decirse que sea lingüístico que no difiera de una lengua a otra. Así es como podemos entender la frase de Saussure de que Ios rasgos lingüísticos son arbitrarios o convencionales. Es claro que tal formulación, a pesar de su extensión desmesurada, no incluye todos los tipos de rasgos que pueden entrar en el edificio del lenguaje. Podemos incluso estar seguros de que no incluye elementos que probablemente juegan algún papel en todos Ios idiomas conocidos. (pp. 44 – 45) - Martinet (1976) Todo esto muestra un rasgo fundamental del lenguaje humano: su variación de una comunidad a otra y su variación a través del tempo […] El lenguaje varía porque se acomoda a las cambiantes necesidades del hombre. De ahí resulta que cualquier rasgo del habla que se encuentre automáticamente en todas las comunidades ha de ser considerado como no lingüístico o al menos marginalmente lingüístico. (pp. 40 – 41) - Martinet (1976) En cualquier etapa, la estructura de la lengua no es otra cosa que un equilibrio inestable entre las necesidades de comunicación, que requieren unidades más numerosas y más detalladas, pero de uso relativamente raro y la inercia humana, que prefiere unidades menos abundantes, menos específicas y de empleo más corriente. La acción reciproca de estos dos factores principales constituye la esencia de la economía lingüística. Por lo mismo, pondremos especial atención en la lengua como instrumento de comunicación, puesto que semejante uso del idioma le da una forma que probablemente será imitada en todos sus otros usos. (pp. 182-183) - Martinet (1976) No es difícil comprender las razones de la ilusión común de que el idioma propio es estable y homogéneo: la gente tiende a identificar la lengua con su forma escrita y a pensar, naturalmente, que nada cambia mientras la ortografía no se modifique; por lo generaI, no recuerclan o no pueclen recordar como hablaban ellos mismos hace diez o veinte afios; lodo el mundo esta acostumbrado a muchas formas y giros que uno mismo no usa nunca y los considera normales, pero que cree haber oido siempre (p. 179) - Martinet (1976) El lenguaje es una institución; es un conjunto de hábitos que el niño o— el adulto en el caso de un segundo idioma- adquiere por imitación de aquellos que le rodean. (pp. 98-99) - Martinet (1976) Esto nos deja sin una definición de lo que debemos y pretendemos investigar, es decir, el lenguaje humano, propiamente dicho, en sus diferentes formas, o sea, las lenguas tal como son habladas realmente por los hombres […] Más bien deberíamos procurar determinar qué tienen en común cuantas lenguas conocemos y cuantos instrumentos de comunicación necesitamos llamar «lenguas», de forma que no deberíamos estar dispuestos a llamar «lenguaje» un sistema semiológico que no presente ese mínimo. Las lenguas sirven para muchos fines. Nos ayudan, sin duda, a pensar. Son válvulas de escape para nuestros sentimientos reprimidos. Las empleamos como recursos artísticos. Pero las usamos primera y principalmente para comunicarnos, i. e. para la transmisión de la experiencia de una persona a otra. (pp. 37 – 38) - Martinet (1976)
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